En Teotihuacán aparece por primera vez Tláloc, el dios de la lluvia y la fertilidad, que corresponde a la denotación del dios Chaac para los mayas y del dios zapoteco Cocijo, entre otros.
En el periodo Clásico, el dios de la lluvia fue la principal deidad del culto oficial en Teotihuacán, junto con Quetzalcóatl, símbolo de la sabiduría náhuatl y maya. Ambos dioses eran adorados haciendo uso de mitos que intentaban explicar los comienzos del mundo y la naturaleza de la conducta de los hombres. El agua es entonces un significado simbólico que explica el origen de la vida.
Tláloc, cuyo significado es Licor de la Tierra, fue una de las divinidades más veneradas en toda Mesoamérica. Su culto se extendió por gran parte del territorio centroamericano.
Estaba encargado de enviar el agua a la comunidad a través de sus ayudantes, los Tlaloques, que desde el interior de los cerros enviaban las cuatro clases de lluvias. Ellos también recibían súplicas y en su honor se realizaban ceremonias y rituales. Su papel consistía en favorecer la venida de las aguas de lluvia.
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